La industria alimentaria ha cambiado profundamente durante el último siglo. Han cambiado los hábitos de consumo, los canales de venta, la logística, la tecnología, las exigencias sanitarias y la manera en que trabajan los clientes profesionales.
El sector cárnico no ha sido una excepción. Lo que hace décadas era un mercado mucho más local, con procesos más manuales y relaciones comerciales basadas en la proximidad, hoy es un entorno mucho más exigente, tecnificado y especializado.
ABRAS conoce bien esta evolución. Fundada en 1914, la empresa ha vivido más de cien años de transformación del sector cárnico, manteniendo siempre su base familiar y adaptándose a las necesidades de cada momento.
Durante este tiempo, han cambiado muchas cosas. Algunas, vistas desde la realidad actual, resultan incluso difíciles de imaginar. Hubo una época en que la carne se enviaba en cajas de madera directamente en tren desde la estación de Riudellots de la Selva hasta Barcelona. El cliente las recogía allí, sin los sistemas de control, trazabilidad, logística refrigerada y seguimiento que hoy forman parte indispensable del sector. Era otra forma de trabajar, basada en la confianza, la palabra dada y una relación muy directa entre proveedor y cliente.
Más adelante llegaron otros cambios que también supusieron una pequeña revolución. Uno de ellos fue la introducción de las bandejas de carne envasada. Para un carnicero tradicional como el Sr. Jaume Abras, formado en el oficio y acostumbrado a entender la carne desde el mostrador, el corte y el trato directo con el cliente, aquella nueva forma de presentar el producto podía parecer casi una aberración.
Con el tiempo, sin embargo, el mercado demostró que esos nuevos formatos respondían a nuevas necesidades: más comodidad para el consumidor, mayor vida útil del producto, mejor organización para la distribución y nuevas formas de vender carne en supermercados y grandes superficies.
Esta capacidad de convivir con el oficio tradicional y, al mismo tiempo, adaptarse a los cambios del mercado ha sido una de las claves de la trayectoria de ABRAS.
Porque, aunque la tecnología, los formatos y los canales hayan cambiado, hay valores que continúan siendo esenciales: la calidad del producto, la seriedad en el servicio, la capacidad de respuesta y la confianza entre proveedor y cliente.
“La tecnología nos ha ayudado a mejorar procesos, control y capacidad de servicio, pero la base continúa siendo la misma: buen producto, seriedad y cumplir con el cliente”, explica Bernat Burset, gerente de ABRAS.
Hoy, supermercados, distribuidores, empresas de hostelería, cocinas centrales, caterings y colectividades trabajan en un entorno cada vez más exigente. Necesitan controlar costes, garantizar la seguridad alimentaria, adaptar formatos y responder a consumidores y usuarios finales que esperan regularidad, calidad y servicio.
Por eso, cuando un cliente profesional elige un proveedor, no busca únicamente producto. Busca una empresa capaz de entender su funcionamiento, adaptarse a sus necesidades y responder con fiabilidad.
Una cocina central no trabaja igual que un supermercado. Un distribuidor no tiene las mismas necesidades que una empresa de restauración colectiva. Los formatos, las frecuencias de servicio, los volúmenes, los tipos de producto y los sistemas de pedido pueden variar mucho de un cliente a otro.
En este contexto, la capacidad de adaptación se ha convertido en un factor diferencial. ABRAS suministra productos cárnicos frescos, elaborados y congelados, dando respuesta a diferentes modelos de negocio y manteniendo siempre el foco en la calidad, la seguridad alimentaria y la regularidad del servicio.
“Cada cliente tiene su manera de trabajar. Por eso es tan importante conocer bien sus necesidades y poder adaptar el producto, el formato y el servicio a cada caso”, señala Bernat Burset.
Otro de los grandes cambios del sector ha sido el peso creciente del control y la trazabilidad. La gestión documental, el seguimiento de los lotes, la correcta conservación del producto y el cumplimiento normativo forman parte del día a día de cualquier empresa alimentaria.
También han ganado protagonismo la eficiencia, la sostenibilidad y la optimización de los procesos. Reducir mermas, ajustar producciones, mejorar la organización logística y aprovechar mejor los recursos son retos cada vez más importantes para toda la cadena alimentaria.
ABRAS ha ido incorporando estos cambios sin perder su identidad. La proximidad con el cliente, el compromiso con el trabajo bien hecho y la voluntad de construir relaciones comerciales duraderas continúan formando parte de su manera de entender el negocio.
Más de cien años después, el sector cárnico es muy distinto. Las cajas ya no viajan solas en tren esperando a que alguien las recoja en destino. Las bandejas envasadas, que en su día podían parecer una ruptura con el oficio tradicional, forman parte de la realidad cotidiana del mercado. Los procesos son más tecnificados, los clientes son más diversos y las exigencias son más altas.
Pero hay una idea que continúa teniendo el mismo valor que siempre: en alimentación profesional, trabajar con un proveedor serio y fiable es imprescindible.
Esa ha sido, y continúa siendo, la razón de ser de ABRAS: ofrecer productos cárnicos de calidad y un servicio flexible, seguro y constante para profesionales que necesitan trabajar con confianza.

